Dueño de garaje paga por el robo de un automóvil

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Admiten la demanda de la aseguradora que cubrió el valor del vehículo sustraído. Solidarizan en la deuda al propietario del predio y a su compañía de seguros.

Tras remarcar que el deber de guarda del vehículo “no desaparece por el hecho de que el garajista le haya entregado a cada cliente las llaves de la playa de estacionamiento para la entrada y salida de los coches”, la Cámara 5ª Civil y Comercial de Córdoba dispuso que el dueño del garaje abone el valor de la unidad sustraída, que fue cubierto por la compañía de seguros de la víctima del siniestro.

José Eduardo Rodríguez se encontraba estacionando su automóvil en el predio de calle López y Planes, en barrio San Vicente, cuando fue abordado por terceras personas que le sustrajeron el rodado, lo que motivó que su aseguradora, Berkley Internacional Seguros SA, le pagara el valor del coche y luego demandara su repetición al propietario del garaje, Federico Cañarte.

En primera instancia se rechazó la demanda por considerar que “se trató de un hecho delictivo en contra de la persona del señor Rodríguez (…), más allá del lugar en donde se cometió” y “no hay factores objetivos ni subjetivos” para atribuir responsabilidad al accionado.

Berkley apeló y la mencionada Cámara, integrada por Abraham Ricardo Griffi -autor del voto- y Rafael Aranda, hizo lugar al recurso y condenó al demandado a abonar lo reclamado, haciendo extensiva la condena a su compañía de seguros.

En sus fundamentos, el fallo expuso que, por más que Cañarte entregaba las llaves a cada titular de los vehículos que se estacionaban en su inmueble, resulta de aplicación el artículo 2202 del Código Civil, que prevé que “el depositario está obligado a poner las mismas diligencias en la guarda de la cosa depositada, que en las suyas propias”.

En ese sentido, se recordó que el contrató “atípico” de garaje consiste en que “el propietario del vehículo deja el mismo en una cochera que no es de su propiedad; pero al momento de dejarlo, transfiere la custodia o guarda al dueño de la playa, quien, a cambio de un pago, se obliga a tomar los recaudos necesarios para que el dueño pueda volver a recuperar su automóvil, bajo la responsabilidad, en caso de no hacerlo, de responder por los daños y perjuicios que ocasionare, salvo que mediara caso fortuito o fuerza mayor (artículos 2202, 2203 y 2210 del Código Civil, y 25, l7, 572 y 573 del Código de Comercio”.

Además, si bien en la apelación se sostuvo que el hecho perpetrado por terceros configuró “un caso fortuito eximente de responsabilidad”, el tribunal de alzada indicó que no comparte tal afirmación pues “el robo a mano armada no es un hecho imprevisible y, en la actualidad, debe computarse como riesgo propio de la actividad; previsibilidad que se inscribe dentro del curso normal de los acontecimientos que conforman la actividad propia del garajista”.

A su vez, el pronunciamiento determinó que “existe en autos una relación de consumo, por cuanto el demandado se obligó a prestar un servicio de guarda del automotor de Rodríguez y éste a pagar un precio en dinero por tal prestación (…); circunstancia que hace aplicable al caso las disposiciones pertinentes de la Ley de Defensa al Consumidor Nº 24240” y, en virtud de ello, se “impone la responsabilidad de éste (Cañarte) por los daños que se originan con motivo de la prestación del servicio”.

Autos: Berkley Seg. c/ Cañarte

Fuente: Comercio y Justicia de Cba